Los paneles solares a base de células policristalinas cuentan con una larga trayectoria en la industria, puesto que su fabricación arrancó ya en la década de los ochenta. Su mayor ventaja respecto a las celdas monocristalinas parte de un proceso de producción de menor coste, que tira a la baja el precio final de estos sistemas.
Para este producto, el silicio se funde y se introduce en moldes con los que se da forma a las células. Con este proceso no solo se utiliza una cantidad mucho menor de este elemento, sino que se evitan las pérdidas en la fase de producción.
En concreto, se estima que en los paneles que incluyen estas celdas el ratio de eficiencia es de un máximo del 17%, fundamentalmente por la menor cantidad de silicio que incorporan.

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